viernes, 18 de febrero de 2011

32 Fragmentos de los relatos de BEATITUD, seleccionedos por David González.



BEATIFICACIONES / CARLA BADILLO CORONADO:

; crucé el desierto de Sonora; me bañe a orillas del Río Grande; me interné en los territorios indígenaas de Nuevo México, participé en ceremonias de peyote -siendo la única extranjera-; dormí al interior de tepees, al pie de lagos y quebradas; amanecí entre venados y búfalos en Colorado, dancé junto a lakotas, apaches y navajos, y me perdí entre los pueblos fantasmas del Lejano Oeste. En el camino escuché disparos y los gritos de Billy the Kid, y recordé fragmentos de otros aventureros como Jack Kerouac, quien junto a Neal Cassady recorrió el país de costa a costa hace más de medio siglo. Así avancé por la Ruta 66, derechito a San Francisco, sola y bajo un cielo en llamas, "atravesando América, en la línea divisoria entre el Este de mi juventud y el Oeste de mi futuro".


MI PADRE, LOS LIBROS RENO, RED FLANDERS y LOS BEATS, TODOS EN LA MISMA FRASE / PATXI IRURZUN:

A mi padre, contaban, los abuelos lo mandaron a estudiar a Pamplona siendo un niño; no era un mal estudiante, pero sí algo díscolo. En una ocasión lo castigaron encerrándolo en un aula, de la que él escapó por la ventana. Como le daba apuro regresar a casa de los tíos con quienes vivía, decidió volver a pie a su pueblo, que estaba a unos cuarenta kilómetros de la capital. En cuanto lo echaron en faltta, en Pamplona, la Guardia Civil salió a buscarlo. Mi padre, según él mismo relató, se escondía en las cunetas, cuando veía acercarse a los guardias. Estuvo así, caminando y agazapándose, durante toda la noche, pero consiguió llegar a la mañana siguiente a su pueblo, sano y salvo.


LA INDIA O EL MIEDO / ANA PÉREZ CAÑAMARES:

Leo En el camino tumbada sobre la cama y cada dos o tres páginas paro para matar a una de las pulgas que la ha tomado con mis tobillos. A la ingles no le dan miedo los bichos y cada vez que alquilamos una habitación la mandamos de avanzadilla, y durante un buen rato Susana y yo esperamos fuera, mientras escuchamos el ruido de su zapato masacrando la fauna del lugar. Luego entramos como soldados cobardes y recogemos los cadáveres negros y peludos, desparramados por los rincones. La inglesa ya nos mira desde la cama, liándose un porro, y se ríe de nuestras muecas de asco; pero siempre hay un bicho que ha escapado de la matanza y que se presenta cuando menos lo esperas,


EL ÚLTIMO BEAT / JOAQUÍN JUAN PENALVA:

Fue en 1947, con diecisiete años, cuando me convertí en escritor, por eso le dediqué Gasolina a mis compañeros de celda, "a los ángeles de la cárcel de Clinton, que en mi décimo séptimo año me entregaron, desde todas las celdas que me rodeaban, libros llenos de luz". Venían los libros de todas las celdas, y después supe que todos esos volúmenes habían sido de un antiguo huésped, Charles "Lucky" Luciano, cuya suite ocupaba yo entonces. "Lucky". Luciano fue uno de los últimos grandes gángsters y mi mejor maestro. Mientras estuvo preso, siguió dirigiendo todos sus negocios desde la celda.


AL FINAL DE LA CARRETERA / JOSÉ ÁNGEL BARRUECO:

Era una noche del verano de 1990 y yo solo tenía 17 años, me faltaban aún unos meses para cumplir 18 tacos y de pronto me encontraba caminando sin compañía por el arcén, al principio me lo tomé a broma, supuse que podría ser una aventura, pero luego advertí que no era cosa de risa, que estaba a demasiada distancia de la tienda de campaña y que todos mis amigos habían conseguido un vehículo para llegar a la meta, a la seguridad y al hueco confortable del saco de dormir.

El camino es la vida de los hombres.

La carretera es el corazón de los países.


L. (1926 - 1971?) / CARMEN BELTRÁN FALCES:

Quizá Mary Garber. Quizá Gary Snyder, que encontró su nota de suicidio. Quizá ser capaz de sobrellevar esa sensación de estar siempre en el filo, de no poder soportar el mundo, de ser ajeno a él, de estar en el margen de los márgenes. Quizá conocerse sin miedo para poder traducirse. No pasa nada. Quizá que acabara la fiesta... first glass broken on patio no problem (...) make a quick getaway. NO PROBLEM. Quizá no olvidar la rabia y no permitir bajo ningún concepto que fuera la tristeza la que la reemplazase. No sé. No importa. Un día escribió una nota.


LAS CENIZAS DE ALLEN GINSBERG / UBERTO STABILE:

Había en todo ello una mezcla de pasión y revelación, una necesidad de interpretar todo lo hasta entonces conocido desde otra mirada. Creo que Jack Kerouac me enseñó a leer de otra manera, a leer con otra conciencia y consistencia. Ya no pude volver a leer la Divina Comedia, El Quijote o Huckleberry Finn, sin descubrir esa tradición romántica, popular, inocente y divertida que Jack nos regaló en On the Road, la novela mecanografiada sobre papel continuo de teletipo, que como él, vagó de editorial en editorial hasta que una tarde de verano de 1977 llegó a mis manos en una vieja edición de la Editorial Losada.


HUELLAS EN EL POLVO / DAVID GONZÁLEZ:

Con Arthur, las drogas: absenta & hachís.
Yo fumé hachís en Charleville, su ciudad natal. En place Ducale, un porro, al volver del viejo molino Rimbaud, donde contemplé con una pena infinita, las escasas pertenencias que tenía consigo en su lecho de muerte, a saber: una maleta & una taza & una cuchara & un tenedor & un cuchillo & un Madras etíope & cuatro libros & y su reloj, un reloj de bolsillo cuyas manecillas habían expirado a la una menos diez.


CABEZA DE GARDENIA / CARMEN CAMACHO:

Antes. Antes de antes. Antes de Tánger. Anterior a mí: allí fue mi carne. Previa al frío, al polvo soy bajo tierra de Málaga, previa a esta nada de nada. Pero anterior, también, mi carne, a la cojera y al miedo en los autobuses, a las marcas en la piel que dejaban los vestidos que me compró mi madre, al destacamento de labios como los de Cherifa o Helvetia o Martha o qué más da, labios de mujeres al filo, de aliento y reproche.

El cuerpo sucedió antes de todo. La carne es plena conciencia.


ON THE (SOVIET) ROAD / MIGUEL SILVESTRE:

El estalinismo ha matado mucho, de acuerdo, pero el anhelo beatnik ha matado peor. Lo ha hecho lentamente, dejando envejecer a los jóvenes hipsters y enfrentándolos al espejo de su fracaso como inconformistas. El beat, o muere joven o muere ridículo. Generaciones enteras de sensibles muchachos se han malogrado soñando con viajes iniciáticos y aventuras en la carretera; la mayoría nunca lo intentó, o como mucho se conformó con un largo fin de semana de fiesta química que no les dejó sino ojeras.


AND OLD LETTER REVISITED / RAÚL GARCÍA:

Y luego han empezado a hablar de la edad, que tenemos una edad y hay que hacer esto y lo otro como si fueran pasos preestablecidos que hay que cumplir antes de la fecha límite, tener una casa con una hipoteca cómoda acogedora y con gusto, y dos coches uno grande y elegante para él y otro pequeño para la ciudad, fácil de aparcar pero bonito. Y el trabajo, el trabajo es importante, pasta, pasta y posición (más dinero), mejor mandar que ser mandado, mucha responsabilidad bien pagada. ¿Y qué hay de los hijos?


GIORNO ELIGE A GINSBERG EN LA NOCHE DE BARCELONA / SERGIO GASPAR:

Sucedió en un libro, como la mayoría de las cosas importantes de mi vida. Yo era un joven universitario y antifranquista, con barba y pipa y gafas de concha, que me creía escritor. Compré -o robé en una librería, no puedo estar seguro, porque por aquellas fechas practicábamos con asiduidad la revolucionaria acción de robarle libros al sistema capitalista y devolvérselos al pueblo, es decir, a nosotros, sus legítimos propietarios - la Antología de la Beat Generation de Marcos Ricardo Barnatán, volumen de tapa dura publicado por Plaza y Janés en los años 70.


CON UNOS TÍOS CUALESQUIERA / SAFRIKA:

¿Sabes cómo conocí a Neal?, menudo tipo, qué descerebrado. Me lo presentó Greg, el chico aquel taaaaan fuerte con el que salí un par de veces, en San Francisco. Me llevó a beber, había mucha gente pero casi no recuerdo nada, iba tan ciega ¿sabes?, ¡taaaaaaaaan ciega! Total, que estuvimos en el Golden Gate Park, me tiró en la hierba me besó un poco y luego me llevó a una casa, bueno, a un cuchitril, una mierda de casa con un agujero por ventana y Neal estaba allí, desnudo, muy guapo eso sí, pero ¡abrió la puerta desnudo!


SARA / NACHO ABAD:

Por otro lado, carecíamos del valor para acercarnos a ella sin más, sin una excusa. Nunca fuimos lo que se dice tipos listos para estas cosas. A otros les bastaba con palabrería, con sonrisas de baratillo y chistes groseros. Para nosotros, acercarnos a las chicaas que nos gustaban era como intentar saltar sin pértiga un obstáculo del tamaño del mundo. Si una chica nos gustaba de verdad, podíamos darnos por perdidos. Y ése era el caso de Sara. ¡Era especialmente el caso de Sara, que tenía dos caderas como catorce ocho miles!


DIOS / DAVID MARDARAS:

Pero lo que estaba percibiendo en primer término -en seguida me di cuenta- era una superficie brillantemente tramada e iluminada por Kerouac, tan iluminada, brillante y superficial que sería finalmente perfecta para la inevitable implosión cósmica que la iba a traspasar en toda su potencia trágica en las últimas páginas de esa novela gótica que es Los vagabundos del Dharma, cuya imagen final, desenlace y clímax es una crucifixión monumental: un hombre crucificado en la cima del pico Desolación,


RUTA 23 /MARIO CRESPO:

Es la una de la madrugada. Por la carretera nacional 122 apenas circulan coches. El Golf rojo avanzaa con las luces interiores encendidas. Sobre la carátula de un compact discx del sello alemán Tresor, una montaña de polvo blanco con olor a manzana. El tiro me golpea el tabique, me ataca el lacrimal y se instala en mi ojo derecho. Noto el amargor en la laringe. Instantes después lo único que puedo sentir es el chorro de palabras que mana de mi garganta, un torrente de voz que evoluciona mi uso habitual del lenguaje.


SUSPENSO / ROXANA POPELKA:

Gracias a Carlos, Mónica conoce a Walcott, a Diane di Prima, a Cassady, a Burroughs, a James Tate.
Ese poema titulado La piedad ascendiendo con la niebla, o ese otro No es el calor tanto como la humedad.
Aunque a veces, más que la poesía norteamericana a Carlos parece que lo que le gusta de verdad es conducir a más de 130 km/h.
Adelantamientos peligrosos, jugando con las líneas continuas de las carreteras secundarias sin asfaltar.


THREE`S CROWD / EDUARDO ALMIÑANA:

Howl se había convertido en un éxito, y todo Nueva York tenía puesta su mirada en un poeta joven, con gafas, algo desaliñado, hasta entonces casi desconocido. Habían salido juntos un tiempo, le conoció a través de un profesor amigo de ambos. Desde el primer momento sintió la conexión, un lazo bíblico, en el que no había creído hasta entonces. "Almas gemelas", pensó. Un tiempo después de aquellas primeras citas, Allen Ginsberg conoció a Peter Orlovsky, y se enamoró de él.


ESCRITO EN LA LEY / OCTAVIO GÓMEZ MILIÁN:

Pablo no puede venir a Logroño, así que llamamos a Luis para que se encargue de las guitarras. Sonamos de maravilla en el local. El tren es como una habitación de óxido para la gente abollada. Me acuerdo de la canción que cantaba Fernando Alfaro con unos chicos de aquí, se llamaba El año que Allen Ginsberg murió. Tengo mercurio en las manos de tanto evitar la fiebre. Siempre vamos de prisa, buscamos el reconocimiento, la paz de las edades de mármol, las viejas historias de las mujeres abrasadas por la belleza.


LOS (C)OLORES DEL MUNDO / ESTELLE TALAVERA BAUDET:

El offbeat bien podría llamarse de cualquier otra forma, y también estaría bien. El offbeat no tiene un solo color en la paleta. Los tiene todos, y repetidos, feos y bonitos, insípidos y chocantes. A veces logra impresionar o ser impresionista, pero otras mezcla todo demasiado y el color mierda puebla el lienzo y nos llevamos la mano a la cabeza: "¿Qué has hecho, descerebrado?". Es tan genuino como el que puede escalar la montaña más alta sin perder los dedos gangrenados, aquel que sabe regresar vivo a casa y dormir a pierna suelta.


ESTAR EN EL MUNDO SIN CONDUCTOR. Apuntes sobre los beats / DAVID MAYOR:

Se olvida en exceso que los beats no necesitaban ir de bohemios o excéntricos para expresar su individualidad. Muy alto el listón todavía pasados sesenta años, pero aún vigente para quien decida abismarse y desatar lazos. Quizá le espere la fortuna. Pero que no se le olvide -el primero que vio el percal fue Kenneth Rexroth- que con los beats el surrealismo épater les bourgeoises empezaba a transmutarse en el amuser les bourgeoises tan característico de nuestros días. La distancia del vagabundo sigue siendo tan grande como lo era entonces,


ELIGIENDO UN CAMINO / PEPE PEREZA:

Con nuestras mochilas preparadas y los sacos de dormir enrollados, J y yo nos echamos a la carretera. Destino, nos daba igual el destino. Lo único que queríamos era vivir aventuras similares a las que habían vivido nuestros héroes literarios. Dinero no llevábamos, lo habíamos invertido en tabaco y hachís. Para alimentarnos cogimos todas las latas de conserva que nuestros padres acumulaban en la despensa. Mientras tuviéramos para fumar la comida era lo de menos. Para leer, J se había llevado En el camino. Yo, La senda del perdedor.


PL (REVOLUTIONARY LETTER # 86) / ALMUDENA VIDORRETA:

El hombre paga el dinero justo y extiende sus dedos ensalivados por el montón de bolsas que probablemente luego me llevaré yo entre las manos. Trato de memorizar la imagen porque no me gustaría tocar su saliva y almaceno las zonas húmedas en mi memoria. He comprado carne, sólo un pequeño paquete, y una botellita de alcohol de 90 grados. Alcohol para limpiar las heridas. Pi. And the wraiths all tell you to cool it but then, that was never your way.
Somos iluminados, tú y yo. Vemos el futuro en el gesto simple y cotidiano de esperar un turno.


DHARMA THIEF / LUCAS RODRÍGUEZ:

El baño de mis tíos está diseñado para mear sentado, una pequeña señal al más puro estilo icono de tráfico te sugería practicar sentado para no salpicar. Estaba diseñado para poder alcanzar de este modo también alguno de los libros que reposaban sobre una pequeña estantería a la altura adecuada en el flanco izquierdo. Nunca hacía caso de los libros que allí aguardaban en la cuasi perpetua oscuridad de aquel mínimo retrete.


JACK, TENEMOS QUE HABLAR / INMA LUNA:

Desde el escaparate, Kerouac se abrazaba a Cassidy, la panda de los beats posando justo delante de la librería, en el lugar donde nosotros nos encontrábamos ahora. Howl, howl, howl por todas partes.
Traté de arrancar el zapato de la angostura en la que había quedado apresado. Fue imposible. Me descalcé y dejé el zapato allí. Mi zapato rojo pisando los versos de Ferlinghetti. Resultaba tópicamente poético. Hice una foto. El suelo estaba helado.
Aquello me pareció una señal. No cuesta nada sentirse importante.

SURIA K. / DIEGO URIZARNA:

Jonás se levanta del asiento trasero de la Kangoo que hace de ambulancia y marca la página de En el camino con una polaroid de su novia, y deja el libro sobre un buzo amarillo y sucio que está arrugado sobre el asiento trasero de la Kangoo, y sucede aquello de Ítaca no es Ítaca versus los atardeceres cruzando Alfajarín a 160 por hora con la ventana abierta, mirando sobre las colinas como camas deshechas la silueta de un toro de Osborne recortando las nubes, el cielo, la luz a medias, las tímidas gotas de agua que empiezan a formarse en la luna delantera en un cementerio de insectos aplastados.


LA PUTA QUE MIRABA A LOS OJOS / ALFONSO XEN RABANAL:

... Pues entre las torturas aprendí que en la guerra lo que matas es una parte de ti... y si no asimilas que estás matando aquello que no integras de ti, si en ti queda algo de conciencia en vida, caminarás siempre sangrante pues esa herida nunca cicatrizará... nunca... por mucho que tu parte racional te engañe, te diga que hiciste lo correcto, por ti, por tu país... unos ideales en los que no crees cuando todo se muestra claro, cuando ves que utilizan el mismo engaño en pervertir a las nuevas generaciones, siempre con el mismo pretexto para el enriquecimiento de los mismos: el miedo...


LOS PATRIOTAS / PABLO CASARES:

Posteriormente se dijo de ellos que eran unos hedonistas que el aburrimiento empujó a una vida disoluta. Tal vez hubiera algo de cierto en esta apreciación, pero es igual de cierto que cuando comenzaron su gran aventura eran unos pioneros que dejaron atrás muchas cosas que jamás recuperarían y forjaron un temperamento que Joe no volvió a ver en nadie. Tal vez acertaron, tal vez no, pero eso no era lo que más importaba.


OASIS PUB 1994 - 1999 / SONIA SAN ROMÁN:

Al Oasis Pub no llegaban las caravanas de mercaderías de especias sino los perros abandonados y los camellos.
Como si el viejo Burroughs moviera los labios de nuestros pensamientos, nos sentíamos los gatos encerrados, los que no podían caminar solos. Para nosotros solo quedaba aquel lugar.
Las botas altas de Susana se alzaban como palmeras en un suelo repleto de cucarachas sin filtro.


LA COMPAÑÍA DE FINANZAS AMISTOSAS. Burroughs/Heart/Beat / ELOY FERNÁNDEZ PORTA:

Las instituciones soñadas. La novela en cuestión contiene el que, a mi entender, es el primer texto donde ya se encuentra, in nuce, el mundo burroughsiano. Debo decir que, por lo general, no soy partidario de hacer esta clase de lecturas retrospectivas, que presuponen que la poética toda de un escritor ya está contenida en algún texto temprano. Creo que esas interpretaciones suelen ser falacias, pues pasan por alto la relevancia de la evolución creativa y todo lo explican a partir de un principio fundamental.


MEMOIRS DE UNA NO BEATNIK / DÉBORAH VUKUSIC:

Escribe. No puedo.

Después de ti sólo he vuelto a hablar para reivindicar las flores transgénicas. La belleza natural de las orquídeas me tira de los pelos, me insulta tanta perfección.
Abro las ventanas para huir ahora que todavía es posible.
Me justifico. Estoy seca. No sé qué contar.


BEATITUD / VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ:

Lisboa: la vida que se hunde y sigue en pie. Recibiendo mensajes subliminales y hablando volados de Chinaski y Mona y Henry. Marineros, artistas, fulanas, sifilíticos y opiómanos, fadistas, poetas, yonquis, carteristas... Beodisea. Y beatitud. O el tiempo que no existe. Y la terapia del camino. Vocación de olvido, inconformismo visceral respecto al mundo. Como entonces, en plena huida, en pleno vuelo, a cientos de kilómetros de casa escribiendo en sudor de ocio y confusión nuestra historia, emborronando por centésima vez las páginas más memorables de nuestras pequeñas vidas.


32 fragmentos de Beatitud, seleccionados por David González.